Angelo Giuseppe Roncalli

Nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, cerca de Bérgamo. Descendiente de una familia campesina profundamente católica, humilde y a la vez muy numerosa: eran trece hermanos, de los cuales él era el tercero. Cursó estudios en Bérgamo y Roma.

En el año 1904 se ordenó sacerdote.

Regresó a su ciudad natal como secretario del obispo, Giacomo Radini-Tedeschi. Profesor de historia eclesiástica en el seminario diocesano. Durante la I Guerra Mundial fue sargento médico y más tarde capellán. En el año 1921 colaboró en la reorganización de la Sociedad para la Propagación de la Fe, y en 1925 viaja a Bulgaria como representante del papa. Trabajó (1933-1944) como delegado apostólico en Turquía y en Grecia. En la II Guerra Mundial ayudó en el rescate de judíos de Hungría y en 1944 le eligieron como diplomático de nuncio papal en Francia.

Cardenal y patriarca (arzobispo) de Venecia en 1953. Fallecido Pío XII, el 28 de octubre de 1958 fue elegido Papa, cuando contaba 77 años. Sus mayores éxitos fueron la convocatoria del Concilio Vaticano II con el objetivo de llevar a cabo la renovación de la vida religiosa católica gracias a la modernización (aggiornamento) de la enseñanza, la disciplina y la organización de la Iglesia, así como alentar la unificación de los cristianos, extender el ecumenismo eclesiástico y posibilitar el acercamiento a otras creencias. Sus escasas intervenciones en el Concilio (que finalizó después de su muerte) apoyaron el movimiento por el cambio al que la mayoría de los delegados era favorable.

Escribió siete encíclicas, entre ellas Mater et magistra (1961), donde enfatiza la dignidad individual como base de las instituciones sociales, y Pacem in terris (1963), que exhortó a la cooperación internacional por la paz y la justicia, y al compromiso de la Iglesia a interesarse por los problemas de toda la humanidad. En 1960 se creó el Secretariado para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, con contactos con la Iglesia ortodoxa, con los líderes protestantes, con el Consejo Mundial de las Iglesias, y por su fomento del diálogo con los judíos.

Entre sus obras destaca un estudio de cinco volúmenes sobre san Carlos Borromeo. Sus diarios, publicados con el título de Diario de un alma (1965) y Cartas a su familia (1969), exponen la profunda sencillez y humildad de su vida espiritual.

Juan XXIII falleció el 3 de junio de 1963 en el Vaticano.

Los beatos San Juan XXIII y San Juan Pablo II fueron inscritos en el Libro de los Santos. El Papa Francisco presidió la ceremonia de canonización de dos de sus predecesores. El Papa proclamó santos a sus dos grandes predecesores del siglo XX, que desde ese momento se llaman San Juan Pablo II y San Juan XXIII. Eran las 10:15 de la mañana del Domingo de la Divina Misericordia, 27 de abril de 2014.

 

   Este Movimiento de Retiros se llamó originalmente de “Parroquia Nuestra Señora de Fátima”. Al trascender los límites de una parroquia y por indicación de Monseñor Miguel Rodríguez, C.SS.R., Obispo de la Diócesis de Arecibo, el Sr. Nelson Rivera escogió la denominación del “Papa Bueno”, Juan XXIII, como titular de estos Retiros. Se aceptó no sólo el nombre, sino el mensaje de su personalidad en la Iglesia: sencillez de presentación, relativización del interés por las riquezas del mundo y de los signos de poder. Introdujo una manera nueva de cercanía y de servicio en la Iglesia: visitó los barrios pobres de Roma, hospitales, las cárceles, los moribundos…. El Papa Juan XXIII acuñó el tema “Iglesia de los pobres”.

 

Los Retiristas se esfuerzan en acoger con gozo la mansedumbre y bondad de San Juan XXIII; y son ellas las características y virtudes que ellos propagan con fuerza, para devolverle a la Iglesia un rostro nuevo, más humano y atractivo para los que buscan la paz, la dignidad y la misericordia.

 

Como síntesis y modelo de todo este cultivo espiritual el Retirista invoca la protección de San Juan XXIII.